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domingo, 14 de agosto de 2011

BAILA + MUERE



Beats que penetran la mente y te acaban adentro. Luces intermitentes. Caras borrosas. Besos fugaces. Tragos que se toman como agua, bailes en solitario que invitan al desenfreno. Retazos de momentos aislados que se conjugan sin sentido. Noches que se vuelven minutos y minutos que sólo dejan un mal sabor de boca. Eso lo resume todo.

No son pocas las historias de aquellos que viven de noche, de aquellas almas de las fiestas que esconden historias tristes y corazones rotos tras sus fachadas perfectas de rostros lindos, ropa cara y vidas supuestamente envidiables. Llenan el vacío que los carcome con algo de alcohol, mucha música y sexo pasajero…O por lo menos lo intentan. Las personas son como casas, las fachadas hablan por ellas; no importa que por dentro sean chiqueros inhospitables, lo que importa son las apariencias. A diario juzgamos libros por sus portadas y no nos importa, la imagen nos compra porque sí, una imagen vale más que mil palabras.

La decadencia nos rodea y no nos damos cuenta, o fingimos que ése es el caso. Creo que en realidad no nos importa, siempre y cuando la decadencia esté bien vestida. Somos superficiales y fingimos no serlo, nos decimos que no es así pero todos somos presas de las apariencias. Nos quedamos en las capas externas de los [des]conocidos y no vamos más allá, no nos preocupamos en hacerlo. Sólo vemos lo que ellos quieren que veamos de ellos, una versión editada de la realidad.

A fin de cuentas, todos tienen (tenemos) algo que ocultar, datos que suprimir, pasados que olvidar, hechos que omitir, páginas que pasar y dejar atrás. El detalle está en que no todos lidian con los problemas de igual manera y no todos saben cómo lidiar con sus problemas. Capaz por eso no nos importa la decadencia, hasta la vanagloriamos, e inconscientemente dejamos que nos vendan fachadas baratas: por lástima. Porque sabemos que sólo así pueden vivir consigo mismos. Porque sabemos que sólo viven a través de los ojos que los ven y que, al igual que ellos, también tenemos razones para bailar.


martes, 14 de septiembre de 2010

"Cullen"

* Éste escrito no está basado ni inspirado en Robert Pattinson.

Nos sumimos en un beso cargado de pasión y deseo, sentía su frío aliento recorrer mi cuello y sus dedos de porcelana acariciar mi espalda mientras los acelerados latidos de mi corazón me delataban y resonaban en sus sienes hasta esbozarle esa pícara sonrisa tan suya en el rostro. El forcejeo lo llevamos más allá de nuestro límite habitual, la adrenalina es la mitad de la diversión, no me importaba arriesgar mi vida si eso significa no soltarlo jamás. Pude sentir cómo se dejaba llevar por la sed y sus ojos, siempre tornasolados, se ahogaron en deseo y en una furia desenfrenada que nos consumía a ambos. Sin darme cuenta rasgó nuestras ropas y fui presa de su perfección. Cada curvatura de su lisa y blanca piel, dura como piedra, derretían cualquier pizca de sentido común que aún pudiera quedar en mi. No me importaba morir, ya no importaba nada, sólo él.

Mis dedos memorizaron sus recovecos y mis labios difícilmente podían con la dureza de sus besos. Ruda, cruda, voraz, feroz, desenfrenada, desgarradora, sucia, descarada, dolorosa, alucinante: así era su manera de hacer el amor. Sin reparos despedazó mi ya de por sí frágil voluntad y llegó a lo más profundo de mi ser, sus movimientos pélvicos me obligaron a encontrar el placer que hay dentro del dolor.

Ya no podía más, bañado en sudor y con la respiración entrecortada pude mirarlo de reojo y observar la locura que reflejaban sus ojos. A pesar del esfuerzo no derramó ni una gota de sudor en su inquebrantable rostro que poco a poco fue transformándose en una mueca de consternación. Ya se le agotaba el autocontrol, el momento que tanto esperé ya había llegado: bebería mi sangre y pasaría junto a él la eternidad, podía olerlo. Fue abriendo su boca hasta dejar ver sus relucientes, blancos y afilados colmillos. El dolor ya no era más que una delicia para mi, sentí cómo succionaba mi sangre, lo disfrutaba en exceso, el olor llegó a marearme un poco pero el momento del clímax se acercaba para ambos, todo acabaría.

Mis brazos envolvían su espalda cada vez con menos fuerza. Ya no aguantaba más, me sumí en un orgasmo de delirio y muerte pero él seguía bebiendo, hasta la última gota. Ya debería haber parado, ¿por qué no se detiene?...En un abrir y cerrar de ojos me encontré desmayado en el suelo. La poca sangre que me quedaba se escapaba de mi destrozado cuello y formaba un pequeño charco de un color rojo oscuro, sus ropas ausentes indicaban que él se había marchado. Sumamente tonto fui al fiarme de uno de su especie, no era humano pero era un hombre después de todo. Las promesas se fueron escapando mientras mis latidos iban frenando, mi respiración ya era invisible. Cerré los ojos con desgano y más nunca los volví a abrir...

"Sexo con el concreto"



A la 1, a las 2 y a las 3...¡saltas y ya!. Todo acabó, el dolor se alivió, las penas se esfumaron junto con tu esencia y lo peor ya pasó. Indoloro, insípido, insignificante, rápido, efectivo, seguro, aprueba de errores y arrepentimientos. Sin vuelta atrás, lo haces y ya; sí o no, así de sencillo, no hay lugar para dudas, inconsistencias, inseguridad ni titubeos.

Los segundos parecen eternos pero no es como en las películas ni nada por el estilo, tu vida no pasa ante tus ojos en 5 segundos. Sólo piensas en cosas: en tus conocidos, en tu familia, en tu eterno amor secreto, en el dolor que les vas a causar a algunos, en la indiferencia que tu muerte le va a causar a otros. Piensas en muchas cosas, en lo bueno y en lo malo, te cuestionas todo hasta el último segundo, te dices que esa salida no era la correcta pero eso empeora las cosas. Se te acelera el corazón, las palpitaciones tan agitadas te destrozan las venas y arterias, no aguantas el ritmo de tal agitación, sientes un nudo en la garganta, deseas emprender vuelo o retroceder el tiempo pero es inútil, de nada sirve desear lo imposible ni añorar el pasado.

Ya falta poco, sientes que vas a explotar y así es, todo el dolor acaba antes de empezar. Te vienes y acabas antes de que empiece la acción por darle tanta rienda suelta a la imaginación. Sin darte cuenta tuviste el mejor orgasmo que alguien pueda desear o siquiera imaginar, algo que ni la misma Jenna Jameson concibe posible: sutil pero regio, suave pero agresivo, implacable, glorioso, patético. Sin darte cuenta ya todo pasó, te desparramaste sobre todo el pavimento. No eres más que manchas, tacazos de alma y trozos de sesos. Sin darte cuenta tuviste sexo con el concreto...¡el mejor amante que vas a encontrar!...Qué patético que algunos piensen así.