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lunes, 25 de octubre de 2010

"Aromas Matutinos"

Entre mis sábanas, encuentro uno de tus cabellos y tu olor me invade. No está ahí sino en mi cabeza pero lo siento, ese olor que destilas a cualquier hora del día, ese que te pertenece. Con los primeros rayos del sol en mi cara percibo tu aroma y te siento dentro de mí. Te huelo en mi mente y estamos en todos lados y en ninguno. Siento el salitre en tu piel de esa playa que nos vio enamorarnos, siento la humedad de esas lágrimas que hemos derramado pero que no fueron lloradas en vano, siento el sudor al que me he vuelto adicto, siento tus manos estrujando mi alma, tu mirada en la mía, mi lengua en tu cuello, tu aliento susurrando esas palabras que han de quedar en secreto entre nosotros.

Es increíble lo mucho que puede hacer un aroma y más increíble es lo que puede hacer aún cuando está sólo en tu mente. Aún no despierto y estamos aquí, allá y en todos lados. Mis sentidos se activan con el más mínimo de los estímulos, pero es tuyo así que tiene sentido. No sabía lo importante que eran los detalles, lo decisivo que es un beso, lo memorable que es una caricia, lo placentero que es un olor. Te huelo y estás aquí conmigo, entrelazados, corazones acompasados, una misma meta. Te huelo y estoy dentro de ti. Te huelo y sé que es así.

martes, 14 de septiembre de 2010

"Lágrimas"

Cada lágrima es un "TE QUIERO", cada lágrima es un "TE EXTRAÑO", cada lágrima es un beso que no pude darte...Resulta ilógica la naturaleza masoquista del ser humano, va contra los principios de la supervivencia el perseguir deliberadamente y hasta el cansancio algo que eventualmente te causará dolor.

Lo sabes de antemano pero igual no puedes evitar ser consumido ante la letal hermosura del amor, ante un par de ojos acaramelados que te desnudan y destruyen lentamente, ante esos labios carnosos que te hacen alucinar y sentir como nunca antes...Gastamos horas dedicándole torrentes de pensamientos y fantasías a esa persona que nos devolvió la ilusión, dejamos que un par de sabanas sea lo único que cubra nuestra alma mientras nuestras piernas se entrelazan con las suyas y sus dedos recorren tu espalda a la vez que tus ojos van contando uno a uno los lunares que cubren su piel.

Todo esto para terminar llorando uno a uno esos días que pasaron juntos, esos momentos tan asquerosamente íntimos, románticos y especiales que creíste durarían, esos recuerdos de aquel amor efímero que pensaste sería inmortal. Sólo te queda llorar, ir desechando cada uno de sus besos, de sus caricias, de sus abrazos, de sus sonrisas, de sus locuras...Sólo queda la nada: tú, el vacío y los retazos roídos de aquello que llamabas corazón...Sólo te queda drenar, botar gota por gota los sentimientos que en algún momento te hicieron alucinar, todos esos momentos llenos de pasión y desenfreno, todas las cartas, todas las palabras y promesas que se fugaron con el viento y se quedaron en utopías carentes de sentido...Sólo te queda el crudo sabor de la sal, sólo te quedan las lágrimas, sólo te queda llorar...

"Cullen"

* Éste escrito no está basado ni inspirado en Robert Pattinson.

Nos sumimos en un beso cargado de pasión y deseo, sentía su frío aliento recorrer mi cuello y sus dedos de porcelana acariciar mi espalda mientras los acelerados latidos de mi corazón me delataban y resonaban en sus sienes hasta esbozarle esa pícara sonrisa tan suya en el rostro. El forcejeo lo llevamos más allá de nuestro límite habitual, la adrenalina es la mitad de la diversión, no me importaba arriesgar mi vida si eso significa no soltarlo jamás. Pude sentir cómo se dejaba llevar por la sed y sus ojos, siempre tornasolados, se ahogaron en deseo y en una furia desenfrenada que nos consumía a ambos. Sin darme cuenta rasgó nuestras ropas y fui presa de su perfección. Cada curvatura de su lisa y blanca piel, dura como piedra, derretían cualquier pizca de sentido común que aún pudiera quedar en mi. No me importaba morir, ya no importaba nada, sólo él.

Mis dedos memorizaron sus recovecos y mis labios difícilmente podían con la dureza de sus besos. Ruda, cruda, voraz, feroz, desenfrenada, desgarradora, sucia, descarada, dolorosa, alucinante: así era su manera de hacer el amor. Sin reparos despedazó mi ya de por sí frágil voluntad y llegó a lo más profundo de mi ser, sus movimientos pélvicos me obligaron a encontrar el placer que hay dentro del dolor.

Ya no podía más, bañado en sudor y con la respiración entrecortada pude mirarlo de reojo y observar la locura que reflejaban sus ojos. A pesar del esfuerzo no derramó ni una gota de sudor en su inquebrantable rostro que poco a poco fue transformándose en una mueca de consternación. Ya se le agotaba el autocontrol, el momento que tanto esperé ya había llegado: bebería mi sangre y pasaría junto a él la eternidad, podía olerlo. Fue abriendo su boca hasta dejar ver sus relucientes, blancos y afilados colmillos. El dolor ya no era más que una delicia para mi, sentí cómo succionaba mi sangre, lo disfrutaba en exceso, el olor llegó a marearme un poco pero el momento del clímax se acercaba para ambos, todo acabaría.

Mis brazos envolvían su espalda cada vez con menos fuerza. Ya no aguantaba más, me sumí en un orgasmo de delirio y muerte pero él seguía bebiendo, hasta la última gota. Ya debería haber parado, ¿por qué no se detiene?...En un abrir y cerrar de ojos me encontré desmayado en el suelo. La poca sangre que me quedaba se escapaba de mi destrozado cuello y formaba un pequeño charco de un color rojo oscuro, sus ropas ausentes indicaban que él se había marchado. Sumamente tonto fui al fiarme de uno de su especie, no era humano pero era un hombre después de todo. Las promesas se fueron escapando mientras mis latidos iban frenando, mi respiración ya era invisible. Cerré los ojos con desgano y más nunca los volví a abrir...

"Alicia"


Alicia es una joven de 15 años relativamente común y corriente: larga cabellera rubia, ojos brutalmente azules, carnosos labios color carmesí y una figura nada acorde con su inocencia. Alicia vive en un mundo utópico lleno de fantasías y maravillas típicas de la imaginación de una niña. Vive en un cuento de hadas producto de una infancia en la cual era mejor preocuparse por enanos, manzanas envenenadas, zapatillas de cristal y hadas madrinas que en los gritos nocturnos provenientes de la alcoba de sus padres.

Ya a los 5 eran sólo mamá, ella, las princesas y sus castillos. Con el pasar de los años, Alicia fue convirtiendo sus cuentos en su refugio personal; cada historia le brindaba el apoyo y la seguridad que no conseguía en ningún otro lado, la resguardaban de todo lo cruel que había en el mundo y la protegían, la tomaban de la mano y la llevaban a sitios en donde estuviera a salvo, donde nada ni nadie pudieran hacerle daño.

Como era de esperar, la adicción de Alicia la fue consumiendo poco a poco y, eventualmente, destruyó su capacidad de distinguir fantasía y realidad y, luego de pensarlo seriamente, llegó a la conclusión de que su vida era un cuento de hadas, de que pasaría por numerosas penurias hasta conseguir a su príncipe azul, con corcel  incluido, y que éste la llevaría glamorosamente hasta su reino y obtendría su "…y vivieron felices para siempre".

En el colegio era tildada por muchos como una niña tonta e ingenua, era vista como un ser insignificante y patético que carecía de relevancia, la única que la entendía era Bianca. Se conocían desde sus andanzas en el kínder y fue testigo de la infancia tan paupérrima que vivió Alicia, estaba al tanto de su problema y lo comprendía, le seguía el juego y era otro personaje más que residía en su país de las maravillas.


James, ese era el nombre de su príncipe; sumamente refinado y anglo como él solo, James. Era el epítome de belleza con sus greñas color azabache, su tez pálida y sus ojos acaramelados. Luego de gastar horas de ocio pensando en él y de un par de miradas cruzadas, James la invitó a salir. Alicia estaba nerviosa, se vistió con lo mejor de su guardarropa y esperó con agitación; dieron las 3 y James se encontraba ya en su puerta. Unos 20 minutos después se encontraban ya a obscuras con la pantalla del cine enfrente, las palomitas de maíz en los respectivos regazos y los dedos de James entrelazándose con los de Alicia.

Todo fue sucediéndose de acuerdo a lo imaginado por Alicia: disfrutaron la película, luego fueron a comer y la conversación entre ambos nunca dejó de ser amena y fresca a lo largo de la cita, obviamente tenían química. Ya se acercaba la medianoche y, como cuento de hadas al fin, era hora de que terminara la velada. Alicia se bajó del carro y James la acompañó hasta el pórtico, intercambiaron despidos y en una fracción de segundo sucedió, sin darse cuenta estaba teniendo su primer beso. Un calor invadió el pecho de Alicia y fue bajando hasta lo más profundo de sus entrañas, sintió que intercambiaban algo más que saliva y bacterias, era una sensación inexplicable que la llenaba de placer y ternura al mismo tiempo. Pasaron los segundos y cesó el movimiento de las lenguas, los labios dejaron de rozarse y se miraron a los ojos, James sonrió y ella, sonrojada, dejó escapar las más puras y hermosas palabras cargadas de una inocencia sin igual: "Te amo". James dio un paso atrás, su mano se desprendió de la mejilla de Alicia y lo invadieron las ganas de salir corriendo, sus pupilas se llenaron de ironía y de la manera más despectiva posible dijo: "ilusa".

Ni Alicia ni sus cuentos pudieron con tanto dolor, al ver a James alejándose en la oscuridad de la noche, las lágrimas empezaron a brotarle de los ojos de manera exagerada. Corrió hasta su alcoba e intentó ahogar su sufrimiento y sus lágrimas en su almohada mientras en sus adentros aún podía sentir cómo su corazón se resquebrajaba lenta y dolorosamente. Ya nada valía la pena, sus sueños se desplomaron como un castillo de naipes, comprendió lo frágil y efímera que era realmente. Despertó del letargo que la mantenía prisionera en su mazmorra, se esfumó toda pizca de inocencia que poseía y comprendió que la vida no es un cuento de hadas: si un hombre se lanza de un piso 15, su vida no pasa delante de sus ojos como en las películas, sólo quedan él y el tiempo que dure en chocar contra el suelo y desparramar sus sesos en el concreto.

Alicia cambió toda su inocencia por malicia y ganas de hacer daño, eso es lo que ocurre cuando experimentas una cruda dosis de realidad sin anestesia. "Dolor" se convirtió en sinónimo de "sentir", y "sentir" se convirtió en sinónimo de "vivir"; es una analogía bizarra, macabra y autodestructiva pero es la que quedó tatuada en su corazón, de ahí en adelante sólo los golpes bajos del destino y sus malas jugarretas la hicieron sentir viva, si sangraba quería decir que aún le quedaba algo de humanidad dentro de su alma. Eso es lo que pasa cuando te cierras a todo agente externo y un tren de vivencias te lleva por el medio, eso es lo que pasa cuando dejas a una niña suelta en el mundo y experimenta de primera mano el desamor, eso es lo que pasa cuando te das cuenta que la vida no es un cuento de hadas. La vida no es encontrar al príncipe azul, es besar sapo tras sapo tras sapo hasta encontrar algo que se le parezca.